viernes, 1 de septiembre de 2017

PLURALISMO…

PLURALISMO…       
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Lilian Arellano Rodríguez   

                Cada cultura representa una forma de vivir el universo, un mundo único.  La persona humana no actúa frente a un Universo sin más (constructo de realidades) sino desde, en y ante el mundo que ha ido el conformando el mismo ser humano, a través de su historia. El hombre habita el Universo, toma conciencia de él, le da un sentido en respectividad con los mundos de los otros hombres: acojo y respeto el sentido que das a “esa obra de arte”, a “ese ritual y símbolos”, a “esa mascota”, a “tu escuela”, a “tus padre”…. Nuestro mundo es co-creación y, si bien es cierto que el mundo se sustenta en la realidad, también es cierto que una vez otorgado un sentido a esa realidad, ya no nos enfrentamos (encontramos) con ella como mera cosa u objeto sino como realidad – sentido o sentido-real (nuestro sentido), obra cultural.        
                Esto así, las culturas son realidades transpersonales (ambitales dice López Quintás) que trascienden la perspectiva personal. Las palabras me ofrecen sus posibilidades y las elevo a la categoría de poema; el poema me trasciende y se ofrece como tal a otros que sean capaces de apreciarlo. La realidad adquiere un sentido que ofrece posibilidades enaltecedoras: la dignificamos envolviéndolas con nuestro ser que trasciende; las elevamos a rango cultural: el ruido aparece como sonido en el juego con los silencios significativos, con la palabra que se transporta hasta el alma del otro, con la música que contemplamos o que impulsa un baile… Sí, el hombre debe aprender a distinguir el ruido de la música, la palabra de la charlatanería o grosería… de lo contrario sucumbiremos.  Tal como lo decía Antístenes, el día que se condenó a Sócrates: “Las ciudades perecen cuando no saben distinguir los buenos de los malos»                 
                No toda obra es cultural sino aquella que es constructiva para el alma, aquella que potencia la creación porque la hace más perfecta, más bella. Atenta contra la cultura quien hace uso de las realidades dignas o dignificadas, usa en forma desmedida o sin sentido las usable o no cultiva (cuida) las usadas.  En esta situación, las acciones del hombre no pertenecen al mundo de la cultura sino de la anticultura (llamada por algunos “cultura de la muerte”); así se entiende toda suerte de violencia, intrusión, reduccionismo, violaciones, esclavitud, corrupción, guerra, genocidio, avaricia, etc.        
                Una pedagogía que respeta la diversidad, se debe sustentar en una pedagogía de la cultura que antes enseñe a entender el sentido de la naturaleza y de las obras que realiza el hombre para la realización de su existencia; que enseñe el discernimiento y el diálogo entre diversos.  Diverso indica distinto pero no necesariamente opuestos; distinta perspectiva pero encuentro en un nivel de mayor profundidad y dignidad humana; implica complementariedad o bien, visiones distintas que pueden dar lugar a adversarios en ideas pero no a enemigos que tienen como principal meta el destruirse. Se necesita de una pedagogía que enseña a descubrir el sentido del ser, del hacer, de la obra y del saber sobre ellos; pues sólo de esta forma encontraremos el punto de unión que requiere la comunicación de lo diverso para lograr el encuentro, el diálogo y erradicar la violencia. Si yo entiendo el sentido de la Biblia, seré capaz de entender y valorar el sentido que tiene el Corán para ese otro hombre; no lo consideraré un inferior sino un semejante, un dialogante: seremos dos logos, dos credos, dos ideales pero que entran en comunión porque ambos saben el sentido de lo sagrado, de lo revelado, del misterio: ambos han sido educados en respeto y son capaces de entrar en comunión siendo diverso pero unos en el amor que es siempre benevolente.  Somos personas; cada una diversa a las otras, cada una íntima y trascendente; en fin, es tanto lo que es común a todo hombre de bien: el anhelo de hacer algo por los demás, por la naturaleza, por la familia, por ti mismo; el deseo de superar ignorancias y egoísmos para dar lo mejor de sí, el formar una familia y tener un trabajo que sea una forma de servir a los demás… también nos es común el cansancio, la impotencia, el sentirnos traicionados, el desear compañía, la celebración, el buen descanso, el hambre, el frío, el momento de comodidad, la esperanza, los temores, el valor y el coraje de ser, la fe y las dudas… la dignidad y complejidad de existir confirmándonos en esa dignidad... …         
                Nuestra visión de mundo va más allá que una simple manera de ver las cosas: determina nuestra visión de los valores, principios y criterios que decidirán nuestras acciones y ruta de vida; conforma nuestro criterio y proyecto de vida en correspondencia con los demás, nuestra convivencia, pues no somos seres aislados.  Cada decisión que tomamos en nuestra intimidad, cada acción u omisión de la misma, afecta a los demás. Por ello, para la comprensión, respeto, diálogo entre los hombre; para la armonía o paz, se requiere de una actitud personal y de una pedagogía que acepte y promueva la pluralidad de ser, pensar, creer, hacer, sentir. ¿Qué es, entonces, pluralismo?
                El pluralismo reconoce las distintas culturas o visiones de mundo como actitudes valiosas en cuanto tienen un mismo sentido - amar y cultivar la verdad, el bien y la belleza- pero está, por sobre todo consciente de lo misterioso de la realidad, de los límites del hombre a pesar de sus buenas intenciones; está consciente de sus propios límites y de los de los demás.   Conscientes, entonces, de que el Universo es inabarcable, insondable en su totalidad, inconmensurable y trascendente a toda posible objetivación o subjetivismo no absolutiza sus convicciones, pero tampoco intenta fusionarlas con otras que, de hacerlo, sólo lograría aniquilar a ambas. Para una pedagogía pluralista, lo importante es enseñar a escuchar con respeto al diverso y a expresarse y ser escuchado respetuosamente; enseñar el discernimiento y el entendimiento, el aprecio y el diálogo enriquecedor.              
                En un mundo globalizado, de rápidas comunicaciones, por lo tanto, de fácil acceso a una amplia gama de culturas y formas o estilos de vida y valorizaciones, urge enseñar a dialogar, de tal modo no perder la identidad personal ni el patrimonio cultural e histórico de los pueblos. Panikkar, filósofo que dedicara gran parte a la reflexión sobre el pluralismo, propone una interfecundación o fecundación recíproca de las culturas, donde las culturas se escuchen, entiendan, reconozcan como igualmente valiosas, respeten, aprendan una de las otras. Urge esta pedagogía inter-fecundadora o de encuentros para instar a valorar la situación actual del mundo en que vivimos y  hacernos bondadosamente cargo de él.              

                Panikkar estima que uno de los errores que impiden el encuentro entre culturas diversas es el intento de unirlas cuando lo que se debiera propiciar y enseñar es el respeto, la admiración y el diálogo entre diversos.  Quien posee una visión pluralista no absolutiza sus convicciones, pero tampoco intenta fusionarlas, pues de esta forma aniquilaría ambas.

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