CONVICCIONES…
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Lilian Arellano Rodrígue
Las convicciones no son meras
ideas sino ideas que, asumidas como verdaderas, se constituyen en principios de
vida. Por lo mismo, son fuerza, criterio
de decisión, dirección, fundamento y nutriente. Se trata de ideas en las cuales
confiamos, desde las cuales vivimos. Por ello, en medio de los embates nos ofrecen su
fortaleza, permitiéndonos salvar el caos, las debilidades, los temores.
En una educación pluralista,
democrática y globalizada, donde las tecnologías de la información y comunicación
ponen el mayor número de diversidad de ideas y credos al alcance masivo, el
educador tiene como misión esencial enseñar a tener convicciones que, como ya
dijimos, orienten al educando, ayudándole a tomar decisiones dignas de su
condición humana; de lo contrario, será fácil presa de posturas impensadas,
sólo emocionales, de alto riesgo que, lo más seguro, le enajenarán
degradándolo.
Muchos creen que tener
convicciones implica no respetar, ser prepotente, dogmático, intolerante;
suponen que el respeto por la diversidad requiere de una postura neutral,
indiferente, tibia, adaptable. Todo lo contrario, de lo contrario el diálogo no
se distinguiría del monólogo.
Erróneamente, se pone de moda un bondadismo (también llamado permisivismo,
historicismo o relativismo) que da por bueno, verdadero y bello todo, sin
ningún discernimiento, impulsando los lemas “cada cual tiene su propia verdad”,
“lo que es bueno depende de cada cual”, etc. De esta forma se crea el caos más grande en el ámbito de la
verdad, se impiden todo verdadero diálogo pues cada cual va por rutas paralelas
(según “su” verdad, bien y belleza) y, llegado el momento del cruce de
decisiones, obviamente primará la ley de la selva. Así, las convicciones y el
ser una persona de principios desaparece, para dar lugar a la primacía del ser
“funcionales”, “acomodaticios”, “hacer lo que se puede y no lo que se debe”,
etc. El respeto por la diversidad no se
opone a la convicción que expresa fidelidad a los principios; a lo que se opone
es al fanatismo (absolutismo, despotismo) que absolutiza un pensamiento o credo
para imponerlo arbitrariamente a los demás, en vistas de las propias
conveniencias y no de auténticos principios que sólo pueden emanar de quienes
aman la verdad, el bien y la belleza.
Estilos de vida y culturas
diferentes, exigen una actitud dialogal que acepte la pluralidad de ideas,
creencias y culturas; por lo mismo, el educador debe enseñar el amor por el
Universo, el descubrimiento de los valores, el respeto, el ser hombres de
palabra, el diálogo.
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