EL SENTIDO DE LA
PALABRA
Educadesdelaciencia.blogspot.com
Lilian Arellano
Rodríguez
La pedagogía es dialógica;
la palabra es promesa, lleva por caminos de respeto.
Fácil es hablar; pero difícil
es ser hombres de palabra. Mayor problema cuando con palabras nos presentamos,
comunicamos, elaboramos y expresamos nuestros pensamientos, sentimientos y
creencias, creamos un poema y conformamos diversos ámbitos de existencia. Uno de los mayores retos educativos es
devolver la fuerza que se encuentra en el sentido de la palabra; un sentido que
la trasciende pues es vehículo de acceso a la realidad, a un sentido real, a
una teoría, al arte o a la fantasía. Más aún, la palabra es puente entre
tiempos que trascienden el momento cuando es promesa o juramento; es rito
cuando celebra y misiva o diálogo cuando traspasa las barreras de las
individualidades o máscaras, en el auténtico encuentro.
Por ello, cuando el hombre se
desvincula de la realidad, de su propia realidad, de los valores, entonces, la
palabra pierde su sentido, rebaja el juicio a prejuicio y los símbolos o ritos
a mero formulismo. Esta es una de las
razones del por qué hay tantos fariseos y profesionales que hacen de la
existencia y de la profesión tan sólo un buen o mal negocio. Fácil es deducir la importancia de la palabra
en el educador, cuando a través de ella enseña, elevando las realidades o
situaciones vitales a puntos de encuentro pedagógico: la pedagogía es
dialógica. Nombramos la realidad para
enseñarla, para invitar al educando a acceder a ella, a realizar su propio
camino de descubrimiento. Múltiples miradas dirigidas a un punto de unión y un
lenguaje para pensar y colaborar en el descubrimiento. La verdad real está en
la realidad; es la realidad; nosotros sólo intentamos descubrirla; si lo
logramos, nuestros pensamientos y palabras serán verdaderos...
D. Luís López González,
recordado profesor, decía…
“…las palabras almacenadas
en diccionarios cobran la capacidad de hacer desfilar imágenes o, por último,
desfilan ellas mismas con su carga de ausencias. Allí resbala la mente sin asidero, sin rumbo. Murallas de papeles crecen y se extienden
entre el hombre y las cosas como un mar que pretende para sí el sello de
garantía de lo real.
Y ese mundo primero, nacido
una vez al embrujo de la mirada del hombre, le llama desde lejos. La nostalgia rompe las barreras del papel y
las palabras, y queda otra vez a la vista aquello que estaba simplemente ahí.
El hombre emprende ese
viaje, por cierto a través del lenguaje, pero ahora bajo su dominio, como un
mundo propio, en virtud de un llamado que escuchó.
Por ese camino”
El pedagogo se hace presente
a través de la palabra; con ella apela e invita al educando a recorrer un
camino que les lleva a un punto de encuentro, a una realidad común. La pedagogía es diálogo que insta a la
comunión de las almas, en una realidad que las une y trasciende: en el árbol o
música contemplados o hechos poema, en el hogar, en los hijos o en la escuela,
en la música... Por ello la palabra
exige el amor; de lo contrario, se autodestruye.